Yo no sé cómo hacerlo, a veces me parece que estoy sentado frente a un espejo, antes me daba desesperación hacerlo, ahora me enorgullece, me gusta, pero no debería ser así. Me siento realizado, pero que falta algo, siento que lo puedo todo, y en algunos momentos que la nada me gana. Ayer, me decía: “lo que pasa es que eres una persona que no sabe lo que quiere, eres indeciso.” Yo sí sé que es lo que quiero, pero a veces me puede más la tentación por lo que no debo. No sé, en clases de humanidades uno aprende el relativismo, pero no le enseñan a uno a ver los límites de tal teoría, tanto así que reconsidera muchas de las cosas que aprendió de niño. ¿Qué Dios existe? No, que va, eso es un imaginario social, dicen unos. Puede que sí, pero ese Dios lo vivo a mi manera, dirían otros. En últimas terminamos siendo relativos, sabiendo que todo ciclo tiene un fin, o bueno una segunda etapa.
Quise hacerle caso, pero la verdad es que no soy indeciso, sólo pongo en la balanza varios pesos, y el que menos pese es con el que me quedo. Puedo ser leve, como lo decía Kundera en su libro, pero la verdad es que soy humano, y me azara saber que lo reconozco porque entre más lo acepto más me acerco a lo que no debo, no hay límites. Tienen que existir.
Algunos hablan de moral, pero ya he conocido tanto la sociología, que bastaría con un argumento como el de la pluralidad, es decir las moralidades, y se derrumba al suelo su teoría; ya no sería válida, porque así como es válida esa forma de comportarse en un rincón del mundo, así mismo será en aquel que nos coexiste, paralelo a nosotros, sobre la otra faz de la tierra. Si hablamos de ética, hablamos de un comportamiento que se distinga entre los juicios de valor, y entonces terminaríamos cayendo en el oriundo túnel del relativismo. ¿Entonces, qué puta idea hacer? No me queda más que hacer una sola cosa: Amar. Pues Dios amo a todos y no cayó ni en aquel túnel, ni se vio atado a las prácticas sociales de otros, incluso las desafío. Yo lo único que he hecho es amarle, y esa persona lo sabe, no como lo espera, pero lo hago, porque mi corazón me lo dice, no son ni siquiera mariposas amarillas que le revoloteaban en el estomago a aquella princesa de la ciénaga de aquel olvidado pueblo colombiano; es mucho más que eso, son muchas más cosas. No queda más que dejar a un lado los nombres, las determinaciones, y las categorías, es vivir con un solo principio: El Amor.
No sé si sea indeciso o no sepa lo que quiero, pues así mismo terminó muchos filósofos sus últimos días de vida, sin saber lo que querían, pero murieron con sonrisas en la cara, porque lo único que tuvieron en cuenta antes de cerrar el ojo, es que siempre hubo una vez para abrirlos y amar a alguien, al menos a sí mismos. Así quiero morir yo, al menos siendo consciente que en mi corazón si hubo amor por muchas personas. No me importa si me recuerdan, o si me añoran, sólo sé que los quise. En últimas, es mejor terminar como San Francisco de Asís, amando sin buscar ser amado.
La verdad no puedo entender como pasan estas cosas, quedé sorprendido después de lo que me pasó este sábado 12 de abril del presente año, tratando de buscar explicaciones a situaciones que conozco como la palma de mi mano, que he visualizado soluciones y aún así no las acojo por falta de seguridad en ellas; presencie una misa de una iglesia cristiana al norte de la ciudad.
Para que me entiendan mi reclamo, debo confirmarles algo que es más que evidente, que hace parte de mí y estoy orgulloso de serlo: soy homosexual, y lo soy de nacimiento. Nadie me tocó, me violó o se sobrepaso conmigo, nadie, fue una decisión propia que asumí gracias a la ayuda del Espíritu Santo hace mucho tiempo. Bueno esa historia se las quedo debiendo, es divertida y muy enriquecedora, pero ahora quiero enfatizar en las palabras insulsas del líder de aquella creencia. Imagínense que el señor esté, muy grandilocuente en su púlpito, decía que los homosexuales son igual de pecadores que los fornicadores, que satan los invitaba a que se reconocieran y que ellos era personas pecadoras, por no decirles enfermas, que cayeron en las garras del diablo.
Al escuchar eso, me dio un coraje impresionante, pues parece ser que el famoso líder estaba leyendo la Biblia, un texto literario e histórico por lo cual debe contextualizarse desde sus aspectos socio-culturales, traduciendo textualmente lo que en ella decía, diciendo que los pecadores son hombres que están con otros hombres, porque el hombre dizque nació para procrear con la mujer, que idea tan naturista e insulsa esa, acaso somos animales que deben ser guiados por sus instintos o por sus tendencias reproductivas, si hay algo que nos diferencia de ellos es la capacidad de sentirnos vivos, de sentir al otro. Somos creadores de experiencias humanas, somos humanos, somos seres con la habilidad de amar. El amor no se determina por las capacidades de procrear o de reproducir, se mide por nuestras acciones, nuestros sentimientos y nuestros pensamientos, la capacidad de amar está en respetar la diversidad, en coexistir con ella, en convivir con lo diferente; allí está el amor, y Dios mismo fue quien puso, por delante de todos sus otros mandamientos, al Amor como principio inicial y final, porque él mismo es amor.
Ahora bien, el ser homosexual y no admitirse a tiempo ocasiona efectos perjudiciales para aquellos que no lo hacen. Hace mucho tiempo, yo me daba golpes por sentir eso, diciendo que estaba mal, pero gracias al Dios conocí gente que dentro de la misma Iglesia Católica me ayudaron a reconocerme, a decirme lo que yo era, a no negarme, a aceptarme, de no haberlo hecho me hubiera quedado estancado, no hubiera tenido lo que he logrado hasta ahora, y mucho menos hubiera podido compartir esta experiencia con aquellos que la han necesitado.
La homosexualidad no es cultural, ni social, aunque muchas personas han querido verlo así, por lo cual esta adquiere un carácter efímero y ambivalente, pero es mucho más que eso, es una realidad de las tantas que nos habitan, es una forma de vida, y no es más ni menos digna que las otras. Este señor estaba formando sujetos irresponsables consigo mismos, sujetos reaccionarios a una vía de socialización tranquila y en paz, estaba educando sujetos que discriminaran en un futuro y causaran estragos en sus núcleos sociales. Cómo es posible que diga eso a jóvenes entre 15 a 25 años de edad, que están formando su capacidad crítica y su autonomía, sabiendo que está formando sujetos déspotas con su entorno, sujetos con barreras psicológicas que luego serán difíciles de romper.
Precisamente coge sujetos de esas edades entre los estratos 1, 2 y 3 para convertirlos a él, a su manera de interpretar un libro de hace millones de años. Es cierto que la Biblia es una texto sagrado, ya que ha tenido muchas valoraciones en el campo social y cultural de muchas comunidades en el mundo, sin embargo su interpretación parte desde la hermenéutica que deben hacer aquellos que conocen sus principios social y culturales, quienes respetan los linderos entre las realidades, los pasados, las historias y las experiencias de vida actuales.
Aquí la figura del demonio, satan, diablo, como quieran llamarle, es una metáfora, es mucho más que eso. El ser humano es una composición pasional entre muchos aspectos relacionados con las morales y la ética que se viven hoy en día. El ser humano responde a unas actividades actuales y de sus pasados inmediatos y/o lejanos que permiten su configuración de pensar, sentir y amar. Somos tan complejos que ni siquiera nosotros mismos somos capaces de enfrentarnos a una pregunta esencial como ¿Quién soy yo? Ahora quién es este señor para venir a decirles a los jóvenes que el reconocimiento es producto del diablo, sin conocerlo él en vivo. Acaso, su proceso de reconocimiento fue adverso para él mismo, acaso él algún día tuvo que pasarlo y quiere compartir esa mala experiencia con la gente. Pienso que son muchos los interrogantes que hay aquí, y que la manera de resolverlos no es precisamente la mejor de todas.
Además, este mundo está cansado de los juicios de valor, que si esto es bueno o malo, justo e injusto, bello o feo. ¡¡No!! Somos mucho más que eso, somos seres compuestos por muchos sentimientos, ni buenos ni malos, sólo sentimientos necesarios para la vida, para la experiencia, para crecer. El homosexualismo es una forma de vida, es una forma de aprender a respetar la diversidad, de todo tipo, incluso está llamada a desaprender las formas de comportamiento que muchos hombres y mujeres tienen, con el fin de encontrar paz para ellos mismos y ofrecérsela a los otros. Sé que está relacionada con la promiscuidad, con la prostitución y otros vicios más, pero sólo ha sido porque desde el principio las personas han condenado este modelo de vida a la represión, a la discriminación, a lo underground, sin dejarle ver la luz pública y compartirlo con los demás. Entonces cómo es posible unas políticas de paz si ni siquiera reconocemos al prójimo, sino lo respetamos, sino protegemos nuestro espacio y el de él.
Somos seres pluri-culturales, nos reconocemos en un mundo diverso y diferente, y eso no quiere decir que seamos malos o buenos, sólo que respondemos a muchas dinámicas que plantea el mundo actual, somos mucho más que una palabra, un nombre o una religión.
